lunes, 10 de noviembre de 2014

9-N: el día de después

Y al final, Artur Mas consiguió sacar urnas a las calles de Cataluña y que la ciudadanía introdujera una papeleta en ellas. Lo consiguió; retó al Estado y ganó. Tampoco podemos decir que el Estado haya hecho mucho por impedir este atropello a los derechos de tantos millones de catalanes que aún se sienten españoles.


Recordemos que el pasado 27 de septiembre, Artur Mas convocó, mediante un Decreto, el referendo sobre la independencia. Inmediatamente, el Gobierno central recurrió al Tribunal Constitucional dicha convocatoria y, en tiempo récord, la impugnó por unanimidad.
Fuente: La Vanguardia

El barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat de Cataluña arroja que en junio de 2010, fecha en la que se emite la Sentencia del Tribunal Constitucional 31/2010, un 24'3% de los catalanes defendía que Cataluña debía ser un Estado independiente. En octubre de 2014, la cifra alcanzaba el 45'3%. 

Durante el último año de la segunda legislatura de Zapatero, este sentimiento independentista creció tan solo en cuatro puntos porcentuales hasta colocarse en el 28'2%. Sin embargo, la postura cerrada de unidad española de los populares (fue el PP quien recurrió ante el TC el Estatut) y el inmovilismo de Rajoy, han provocado que los números se dispararan hasta el 45'3% ya mencionado, rozando incluso el 50% en diciembre de 2013.

El revés que la sociedad catalana sufrió al ver que el Tribunal Constitucional anulaba gran parte del recién reformado Estatut alimentó esa ansia de independencia. De hecho, sólo un 28'2% declara sentirse independentista de toda la vida, mientras que el 20'9% afirma haberse vuelto independentistas en los últimos años. Tal es así, que el 42% de los encuestados aducen que se han vuelto independentistas por el trato del Gobierno central a la Generalitat, mientras que sólo un 1'6% lo hace por el idioma y la cultura catalanas.

Si repasamos el panorama político de Cataluña y su afinidad a la independencia, el CEO indica que tan solo dos partidos se sienten independentistas de toda la vida (ERC-59'% y CUP-65'%) y uno afirma haberse vuelto independentista en los últimos, caso de CiU con el 41'4%. El resto defiende no sentirse independentista, especialmente Ciutadans, que lo corrobora al cien por cien. Frente al 97'7% del PP o el 83'5% del PSC, aparece Podemos con un 69%.

Fuente: Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Cataluña
Una vez presentado el terreno de juego de este proceso participativo promovido por Artur Mas, sería conveniente analizar el antes y el después de las votaciones. 

Según el barómetro del CEO, de los 2000 encuestados, un 64'2% se declaró favorable a la construcción del Estado catalán. De estos, un 76'9% apoyaría la independencia de este Estado. Con esto sólo quedaría un 19'7% que votaría  "NO". 

Pero esto sólo era una encuesta. La realidad ha sido la siguiente. Una vez alcanzado el 100% de mesas escrutadas, han participado 2.305.290 personas. Recordamos que no existía censo oficial, sino que estaban llamados a votar los residentes en Cataluña mayores de 16 años. Según los datos provisionales a estas fechas del Instituto Nacional de Estadística, se supone que estaban llamados a votar un total de 6.262.670 catalanes. Esto significa que la participación ha sido del 36'81%.

De esta manera, y según los datos ofrecidos por la Generalitat, un 80'76% de los votantes optó por la fórmula del "SÍ-SÍ". Tan solo un 10'07% reconocía a Cataluña como Estado pero sin independencia, la fórmula del "SÍ-NO". El "SÍ-BLANCO" registró el 0'97% de los votos, mientras que el 4'54% optó por el "NO". A esto se suma el 0'56% de votos en blanco y un 3'09% que la Generalitat califica como "otros".
Dicho de otro modo, sólo 1.861.752 personas votaron a favor de la independencia de Cataluña, lo que supone el 29'73% de ese hipotético censo que nadie sabe dónde está.

A la vista de estos resultados, podemos rebatir fácilmente la euforia que Artur Mas mostraba anoche y lleva ratificando durante el día de hoy. Con estos números, nadie puede entender de qué éxito habla el President de la Generalitat. 

Este es un claro ejemplo que nos recuerda que la democracia no sólo es votar. Como bien nos recuerda el profesor de Derecho Constitucional de la US, Joaquín Urías, en un artículo en andaluces.es, "los referendos rara vez son indicio de democracia [...] pueden resultar directamente antidemocráticos".

Y es que la democracia se basa en garantizar que el poderoso no tenga tanto poder como para someter al débil, ni el débil tan poco como para verse obligado a arrodillarse ante los poderosos. Y actualmente en Cataluña esto no se está respetando. Los catalanes están divididos por la panacea política, convencidos de que la independencia solucionará los problemas de Cataluña. Pero siguen sin reconocer que la pobreza en esta región ha aumentado un 30%; que la inversión en educación cae en un 20'6% en los últimos cuatro años, invirtiéndose un 27% menos por alumno, o que la Generalitat destina 202 € per cápita menos en sanidad para los catalanes.

En definitiva, estamos a 10 de noviembre y Pujol sigue sin entrar en la cárcel, los catalanes siguen sufriendo recortes y pobreza y el Gobierno de Rajoy calla mientras España languidece bajo la sombra del independentismo de Mas.


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